Lorca y el flamenco

    La mañana del 4 de mayo se presentó fresca y lluviosa. Nos encontramos dos cursos, 3º A y 3º D, en el Salón de Actos, con motivo de otra actividad incluida en el Homenaje a García Lorca, en el 75 aniversario de su fusilamiento.

    En esta ocasión, abordábamos el FLAMENCO, algo consustancial en la formación y en la vida del poeta. Nos iba a hablar del tema un buen entendido en la materia: Miguel Osuna Gámiz, profesor de Latín y director del instituto. Miguel comenzó su charla de manera natural y espontánea, como suelen ser los clásicos, entablando un diálogo socrático con los alumnos acerca de si recordaban alguna cancioncilla popular de su infancia, para encauzarlos en la oralidad del flamenco, como una vertiente más de la lírica popular de nuestra tradición literaria.

    Mientras tanto, al hilo del diálogo, desgrana alguna que otra etimología curiosa: “rapsoda, copla, nana…”, que los chicos recibieron de manera espontánea y natural, como son ellos.

    De todas las palabras glosadas, se centró en las “NANAS”, como un tipo especial de cancioncilla infantil, que Lorca aprendió de sus niñeras y que luego él mismo versionaría, crearía y recrearía, hasta darle forma flamenca, luego revisada por cantaores posteriores.

    Escuchamos alguna nana antigua que traía grabada (“La nana de Sevilla”); otra posterior, en versión de Camarón (“Nana del caballo grande”), acompañando las audiciones con fotocopias que recogían las letras y alguna información utilísima de cantaores y álbumes que han abordado letras lorquianas o que se han basado en ellas para rendirle homenaje desde la década de su muerte hasta nuestros días.

    Escuchamos la antológica “En el café de Chinitas”, grabación de Lorca al piano, acompañando el cante La Argentinita.

    Escuchamos y coreamos el “Romance sonámbulo”, en versión de Ketama y Manzanita, interpretación flamenca de cante, toque y baile, que cerró la primera parte del recital poético-musical lorquiano de la semana pasada.

    De ahí pasamos al tango del “Me duele…” de Marina Heredia, espectacular y sentido. Alguna interpretación sorprendente de Teresa Berganza y la guitarra de Narciso Yepes, para terminar con el disco Omega, de Enrique Morente.

    Fue este un variado y nutrido repaso de lo que las letras lorquianas han aportado al flamenco, quizás no tan aprovechado y saboreado por las dificultades que presentó el equipo de audio. Pero, claro, a las ocho y cuarto de la mañana, la técnica flamenca no está en sus mejores momentos. Aún así, fue una clase inolvidable para unos chicos que comienzan su andadura flamenca y lorquiana. Muchas gracias a Miguel y a los chicos por este inolvidable rato compartido. Muchas gracias Lorca por hacerlo posible.

Carmen Jurado 

 

Charla Lorca y Flamenco